8.02.2009

¿Qué tan viejo tiene que ser un edificio para que apreciemos su valor?

[ Eduardo Arriaga ]


En las aulas, particularmente en aquellas dedicadas a la Historia del Arte y la Arquitectura se intenta instruir sobre los diversos movimientos y corrientes del pasado que han influido y siguen influyendo en nuestro quehacer diario, para ello el titular de la cátedra emplea diversos ejemplos, fotografías, planos, maquetas, pero en definitiva nada de esto es comparable a visitar y sentir un edificio histórico, a contemplar las obras de arte en los museos, es ahí cuando la experiencia se vuelve más enriquecedora y sugestiva. En ese sentido, ¿hace falta replantearse cuál es el verdadero valor patrimonial de los edificios?, me gustaría hablar de dos concretamente, uno diseñado por Luis Barragán en México D.F. y otro obra de Kisho Kurokawa en Tokio.


Firmado por el único arquitecto mexicano ganador del Premio Pritzker (1980), un edificio de departamentos ubicado en la esquina de Rio Elba y Paseo de la Reforma que hasta hace poco presentaba el número 56 en su fachada ha sido ya demolido para dar paso a 60,000 m² de oficinas en lo que será la nueva Torre Reforma, proyecto que si rescata otro inmueble catalogado, una casona de la primera mitad del siglo XX y que además se presenta como uno de los pocos edificios en México con certificación LEED. Es indudable que los beneficios de este nuevo proyecto son tan validos y discutibles como las razones para conservar la obra de Barragán, el problema es que no hay una clara política de conservación patrimonial (sobre todo hablando del siglo XX) y lo que es peor aún, la política existente responde más a intereses económicos de funcionarios en turno, por lo que puede ser tan cambiante como los propios funcionarios.



¿Qué tan viejo tiene que ser un edificio para que apreciemos su valor?
Esta es la pregunta que se hace Nicolai Ouroussoff columnista del New York Times entorno a la inminente desaparición de la ‘Nagakin Capsule Tower’ una de las obras póstumas del Metabolismo japonés que encontró en un joven Kisho Kurokawa uno de sus principales exponentes en cuanto a arquitectura se refiere ya que fue un movimiento que influyo en diversos campos como la educación, el urbanismo y en general en la cultura de una cambiante sociedad.

Escribo este artículo al tiempo que veo en Tokyo Art Beat una interesante entrevista realizada a Kurokawa poco tiempo antes de que falleciera y me llaman mucho la atención sus palabras que por una parte recuerdan el contexto en que fue construida la torre en 1972 y por otra habla de la actualidad de su pieza maestra. “Si tu reemplazas las capsulas cada 25 años, el edificio puede durar 200, es reciclable… el reemplazamiento de las capsulas tomaría de tres meses y medio a cuatro y duraría 100 años más”. En efecto se trata de una muy singular construcción que estaba planeada para durar mucho más tiempo, para tener ciclos, que era una postura importante del Metabolismo.

“Yo hice arquitectura sustentable en ese entonces…”
Esto es parte de lo que nos comenta Kurokawa en esta conversión en que queda de manifiesto la ideología detrás de la Capsule Tower, resumiéndola con ejemplos como: satélites, que son mandados al espacio para su posterior regreso, autos, que necesitan mantenimiento y partes nuevas para seguir funcionando correctamente, es decir todo está diseñado para ser constantemente sustituido según el arquitecto japonés. Es precisamente esto lo resulta llamativo, que al ser un edificio concebido para su regeneración progresiva, se le quiera destruir por completo. No es que se desprecie la voluntad de los habitantes, que buenas razones han de tener para ya no querer vivir más ‘encapsulados’ si no que como en otros casos se nota la ausencia de una voz firme que pueda mediar la situación y se llegue a buenos términos para todas las partes involucradas. El eterno dilema de la preservación o la demolición, el querer conservar la arquitectura para arquitectos. Me gustaría terminar el artículo con una frase que escribe Ouroussoff:
“¿Quieren salvarlo?... Paguen por ello.”
Fuentes:
The New York Times ; Tokyo Art Beat ; Revista Arquine #48
Imágenes:
- Nagakin Capsule Tower. Foto: Liao Yusheng
- Rio Elba 56. Foto via flickr por
Thom’s
- Nagakin Capsule Tower. Foto: Jim O’Connell para el New York Times

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