11.04.2009

Las sutiles substancias de un techo.

[ Ciro Pirondi ]
Texto traducido por Claudia Otamendi.


LAS SUTILES SUBSTANCIAS DE UN TECHO

Un techo, como abrigo físico, está en la memoria primaria del útero, como recinto de sobrevivencia y confort.

Los espacios de recreación, trabajo y vivienda en la sociedad contemporánea, generan connotaciones de moda y apariencia social.

El conjunto habitacional o las viviendas populares, en su propia denominación discriminatoria, son construidos como si las personas que fueran a habitarlas, tuvieran dimensiones y necesidades distintas a las humanas.

A su vez, la casa de nivel medio- alto es, normalmente, una gran muestra de materiales, con variedades y estilos híbridos. Olvidando que un techo está hecho de la luz que la penetra, de la buena circulación entre ambientes, del diseño correcto de su estructura y de la buena implantación con relación al sol y a los vientos.

Al diseñar, es necesario tener la mirada atenta a lo que un espacio nos quiere decir, cuales son sus identidades: una puerta, como extensión del cuerpo, es un espacio selectivo de negación o entrada, un umbral físico. La ventana, como extensión de la memoria, del ver y de la imaginación. El pilar, como paso del plano vertical al horizontal...

Nuestros espacios son más que las piedras que los componen, las verdaderas razones quizás aparecen cuando abstraemos sus funciones. Su esencia es inmaterial, pues la Arqui (más) tectura (piedra), es más que la construcción en piedra, es su clasificación, es la materialidad poética de un discurso sobre la existencia.

Arquitectura no es moda, mucho menos moda elegante, la cual diluye toda la esencia en apariencia. La casa no empieza en el umbral, como dice Artigas, hay un costo social, un compromiso con la ciudad donde está insertada, no es inteligente esconderla detrás de un alto muro simulando protección.

Sería más adecuado que viviésemos en las grandes ciudades colectivamente, con áreas públicas libres, servicios comunes, entre la recreación, el trabajo, el esparcimiento y la cultura.

Entramos y salimos de las cavernas hace miles de años. No soportamos apenas su dimensión física de abrigo y comenzamos a decir, a través de diseños y pinturas como vivíamos, cazábamos, nuestras mujeres embarazadas, nuestra vida.

Y durante ese largo transcurso, pasamos de las ciudades de los Dioses en Egipto y Grecia, con sus espacios exteriores, a la dimensión espacial del panteón de Agripa, a la cúpula de Bruneleschi. Actualmente interior y exterior se confunden y la televisión es nuestra gran Ágora. El hilo de Ariadne, que une todo este largo camino en la búsqueda del abrigo humano: es el Arte.

La biblioteca Kien, personaje de Elías Canetti, en el bello Auto de fe, es más que una biblioteca, es su propia alma.

Nuestra habitación posee ruidos que componen sus espacios, al igual que las centenas de ladrillos de sus paredes.

El olor a pastel, en la cocina materna, todavía está en nuestra memoria olfativa, éste construye la dimensión física de la cocina.

El “inmenso monolito: nuestra arquitectura” se diluye en la memoria de la infancia, como si paredes y escaleras no existieran físicamente, apenas en los recuerdos de los encuentros, del convivio, sus olores, sonidos y texturas experimentadas en el toque áspero o suave.

Tal vez la mejor forma de que entendamos el concepto de techo, tenga la función que tenga, es con un texto, una poesía, más que un diseño con sus dimensiones técnicas, sus falsas perspectivas. La escritura puede revelar más que diez hojas de diseño arquitectónico, basta recordar “Los constructores de puentes” de R. Kipling, o “La Caída de la casa de Usher” de E. A. Poe.

Juan Cabral compara una casa con una mujer: “… no es nunca sólo para ser contemplada; ejerce sobre el hombre, un efecto igual al que causa: las ganas de recorrerla por dentro, de visitarla”.

Ciro Pirondi



A continuación incluimos el texto original, en portugués:


AS SUTIS SUBSTÂNCIAS DE UM TETO

O teto, como abrigo físico, está na memória primária do útero como recinto de sobrevivência e conforto.

Os espaços de lazer, trabalho e moradia na sociedade contemporânea, ganharam conotações de moda e aparência social.

O conjunto habitacional ou casa de baixa renda, em sua própria denominação discriminatória, são construídos como se as pessoas que fossem habitá-las, tivessem dimensões e necessidades distintas das humanas.

Por sua vez, a casa pequeno-burguesa é, normalmente, um grande mostruário de materiais, com variedades e estilos híbridos. Esquecidos de que um teto é feito da luz que o penetra, da boa circulação entre ambientes, do desenho correto de sua estrutura e da boa implantação com relação ao sol e aos ventos.

Ao desenhar, é necessário ter o olhar atento ao que um espaço quer ser, quais são suas identidades: uma porta, como extensão do corpo, é um espaço seletivo de negação ou passagem, um umbral físico. A janela, como extensão da memória do olhar e da imaginação. O pilar, como a passagem do plano vertical para o horizontal...

Nossos espaços são mais que as pedras que os compõem, suas verdadeiras razões talvez apareçam quando abstraímos suas funções. Sua essência é imaterial, pois a Archi (mais) – Tectura (pedra), é mais que a construção em pedra, é sua qualificação, é a materialidade poética de um discurso sobre a existência.

Arquitetura não é moda, muito menos moda elegante, a qual dilui toda a essência em aparência. A casa não começa na soleira, como ensina Artigas, há um custo social, um compromisso com a cidade onde está inserida, não é inteligente escondê-la atrás de um alto muro simulando proteção.

Seria muito mais contemporâneo vivermos nas grandes cidades coletivamente, com áreas públicas livres, serviços comuns, entre o ócio, o trabalho, o lazer e a cultura.

Entramos e saímos das cavernas há milhares de anos. Não suportamos apenas sua dimensão física de abrigo e começamos a dizer ao outro, através dos desenhos e pinturas, como vivíamos, caçávamos, nossas mulheres grávidas, nossa vida.

E durante esse longo percurso, passamos das cidades dos deuses no Egito e na Grécia, com seus espaços exteriores, à dimensão espacial interior do Panteon de Agripa à cúpula de Bruneleschi. Contemporaneamente, interior e exterior se confundem e a televisão é nossa grande Ágora. O fio de Ariadne, que une todo este longo percurso na busca do abrigo humano: é a Arte.

A Biblioteca Kien, personagem de Elias Canetti, no belo Auto-de-Fé, é mais que uma biblioteca, é sua própria alma.

Nosso quarto possui ruídos que compõem seus espaços, tanto quanto as centenas de tijolos de suas paredes.

O cheiro do bolo, na cozinha materna, ainda está em nossa memória olfativa, ele constrói a dimensão física da cozinha.

O “imenso monolito: nossa arquitetura” dilui-se na memória de infância, como se paredes e escadas não existissem fisicamente, apenas nas lembranças dos encontros, do convívio, seus cheiros, sons e texturas experimentadas no toque áspero ou suave.

Talvez a melhor forma de entendermos o conceito de teto, tenha ele qual função tenha, seja um texto, uma poesia, mais que um desenho com suas dimensões técnicas, suas falsas perspectivas. A escrita pode revelar muito mais que dez folhas de desenho arquitetônico, basta lembrar “Os construtores de pontes” de R. Kipling, ou “A queda da casa de Usher” de E. A. Poe.

João Cabral compara a casa a uma mulher: ”... não é nunca só para ser contemplada; exercem sobre esse homem, efeito igual ao que causa: a vontade de corrê-la por dentro, de visitá-la”.

Ciro Pirondi


Acerca del autor.

CIRO PIRONDI
Es natural de São Paulo (Brasil), en 1980 se graduó en arquitectura en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo Braz Cubas, São Paulo, Brasil. En los años 1980/1982 realizó el doctorado en la Universidad Politécnica de Catalunya – Barcelona (España), y en la Escuela de Arquitectura de Venecia (Italia). En 1983 inaugura en São Paulo su despacho de arquitectura, activo hasta la fecha. En los años 1991/1995 es Presidente de la Fundación Vilanova Artigas. Para 1992/1995 es Presidente Nacional del Instituto de Arquitectos de Brasil (IAB). En 1996 funda en la ciudad de São Paulo, conjuntamente con otros arquitectos, la Facultad de Arquitectura y Urbanismo "Escola da Cidade", en la que viene ostentando el cargo de Director desde 2002. Del 2003/2006 es Director Ejecutivo de la "Casa Lúcio Costa", con sede en Río de Janeiro.

Entre sus proyectos destacan:

1995 – Anexo Pabellón Mies Van Der Rohe, Barcelona. Mención de Honor.
2000/2001 – Rehabilitación del edificio Copan, de Oscar Niemeyer - São Paulo.
2002/2004 - Obra del Centro de Formación de Profesionales de la Educación, en São Bernardo do Campo – São Paulo. Trabajo publicado en la revista AU (Arquitetura & Urbanismo), número 126, Septiembre 2004. Premio de la Cámara Municipal de Sao Bernardo do Campo, otorgado en Diciembre 2005.
2004 – Restauración del acervo del arquitecto y urbanista Lúcio Costa. Premio Petrobrás de Cultura.
2004 – Fábricas de Cultura para la Secretaría de Cultura del Estado de São Paulo.
2005 – Museo de la Tolerancia – USP. Mención de Honor.


UN ENORME AGRADECIMIENTO A CIRO PIRONDI, POR HABERNOS COMPARTIDO ESTE TEXTO, Y SOBRE TODO, HABERNOS DADO LA OPORTUNIDAD DE PUBLICARLO EN NUESTRO BLOG.

Foto: Archivo.

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