12.24.2010

La gente, se reúne en espacios.

[ Alejandro Carrillo R. ]


Tantas definiciones que existen de la arquitectura, desde simples hasta complejas, tienen un común denominador: el ser humano’

Una característica peculiar, como resultado de aplicar la arquitectura (una casa, un edificio, un centro comercial, etcétera), es la creación de un ambiente dentro de este que lo separa con respecto al exterior. Y aquí la palabra clave es el aislamiento, o la separación de los espacios, la cual tiene la finalidad de proteger al interior (al habitante), tanto de las adversidades naturales del exterior, como de otros seres humanos. Pero como en todo, existe un equilibrio, si por un lado se aísla el contacto y acceso de algunos seres humanos ajenos (intrusos), también se crea la reunión y conjunción de otros (familia, amigos, compañeros de trabajo, gente con los mismos intereses, etcétera).  Y ese es el punto de reflexión de este tema relacionado a los espacios para el encuentro.

Se supone que cada obra arquitectónica lleva en sí un fin predeterminado, ataca las necesidades y requerimientos de uno o varios usuarios objetivos. Y si lograr esto en un proyecto de casa-habitación para un solo cliente específico en 200 m2 es complicado, lo es mucho más para un restaurante de 600 m2  y aún más para proyectos de mayor escala que tienen que ofrecer la percepción de belleza que miles y miles de usuarios distintos buscan en los espacios para utilizarlos. Y así como el Mc Donald’s o el KFC han establecido tipologías arquitectónicas y de imagen específicas para atacar a su público (los niños), cada sitio dedicado al encuentro entre personas debe resolver las necesidades de su público también.


Ser humano + encuentro.
Cuando la gente se reúne, lo más común es que sea para pasar un rato agradable, ya sea platicando de –lo que nos pasó hoy-, comentando nuestros problemas para buscar soluciones, enamorando, en fin, miles de situaciones distintas, con la única intención de disfrutar ese instante. Lo último que uno quiere esperar, es que el lugar sea muy pequeño como para que estén todos aquellos con quienes se quiere reunir, o bien que al término de la reunión uno tenga que limpiar, lavar, etcétera. O simple y sencillamente, que el lugar no esté hecho para lo que uno quiere hacer. Y estas situaciones son comunes, cuando intentamos hacer esto, en nuestra casa, donde la sala mide 6 x 4 m a lo mucho, o el jardín mide 7.5 x 4.5 m si es que hay jardín. Y aún más, todo esto es común, cuando no contamos con lo que necesitamos para realizar una reunión: no tenemos más de ocho tazas y diez tenedores limpios en la cocina; nuestro estéreo, es sólo un radio de cassettes, la estufa tiene sólo cuatro quemadores y así, cada circunstancia que se pudiera presentar que limita el uso de nuestra casa como un espacio para el encuentro, que es verídica, y suele pasar.

Y tomando muy en cuenta estas premisas es que se deben generar, ahora sí, los espacios destinados al encuentro, para evitarle la pena y el disgusto a la gente que desgasta su casa haciendo esto, y así darle un momento agradable en un espacio que está hecho para reunirse, para encontrarse; y que puede ser público o privado.

Un restaurante: fast food, slow food; un antro. El concepto o la tipología influyen, porque en muchos casos, sobre todo en cadenas y franquicias, como arquitectos debemos someternos fijamente a un concepto y un programa predeterminados. Uno no siempre tiene el terreno o el lugar que uno quiere, y eso implica cuidar siempre el entorno, los antecedentes, e inclusive el hecho de que estemos adaptando un edificio viejo para ser este punto de reunión. Aspectos como estos son los que, más que limitar, deben abrir la mentalidad de los arquitectos para generar propuestas de solución efectivas, que indudablemente, en más de una cosa deberán aplicarse tecnologías de vanguardia. Siempre hay soluciones, y tomar mucho en cuenta, lo que el usuario busca hacer y también no hacer en estos espacios, es vital.

Ser humano + aislamiento.
De acuerdo en que, como en cada proyecto existe un público objetivo, por ende y volviendo a mencionar al equilibrio, existe un público no objetivo, además de los ladrones por supuesto. Y es así como también la arquitectura deberá influir en no incitar a que niños de ocho años acudan a antros y discotecas para mayores de edad, o a restaurantes gourmet donde posiblemente no tendrán juegos infantiles ni cajitas felices; así como tampoco que la gente acuda a pedir bebidas alcohólicas a un Starbucks. Y también por otro lado, en establecer claramente los límites entre los lugares –sólo para personal autorizado-, palcos y secciones privadas, fumadores y no fumadores, etcétera. Eso, también es un tema donde el arquitecto debe encontrar soluciones, independientemente de la tipología y el concepto que los lugares tengan. Quizá no sea sencillo, pero limitarse a ejecutar la imagen, programa y concepto ya preestablecido y dado de un lugar, sin considerar al usuario no es trabajo de un arquitecto. No hay que olvidar que el trabajo del arquitecto el día de hoy debe considerar la Sustentabilidad, la Accesibilidad y por supuesto, la Funcionalidad.

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